Me venció.-

Si, lo reconozco, estoy cayendo y no quiero. Pensé, no sé que pensé, pero no creí que era así. Cuando lo leí, sentí esa estrangulación en el pecho, además de verme como una tonta que se deja ilusionar por boberias sin sentido. Tampoco sé porque llegué a este extremo, ni el por qué me estoy dejando llevar sin tener freno alguno, ¿Dónde están mis escudos? Creo que los deje extraviados en aquel café, esa mañana de noviembre cuando de nuevo me dejé caer.-