De pronto las melodías suenan tan dulces y armoniosas que es imposible no dejarse llevar, a veces casi siempre te llevan a lugares conocidos, a lugares que te sonrojan al momento de recordarlos, recuerdos que ponen de rojo carmesí las mejillas. Suspiras, suspiras y te quedas pensando en cuando las cosas, los momentos resultaban tan cálidos, tiernos, y sinceros que llegaban a dar escalofríos en la piel, recordar ese dulce suspiro que me dejaba helada por completo solo por el hecho de tenerte cerca, o de sentir el roce de tu piel. El color, el brillo de tus ojos, creo que nunca he visto algo más perfecto que eso, a veces quisiera contemplarlos de nuevo. Tus manos tan delicadas para recorrer, como si supieran desde el primer instante cual es el camino indicado a seguir, la seguridad que entregas en un abrazo, cuando te acercas y el coqueteo que tus ojos entregan. Quisiera volverlo a sentir, sentir cuando las mariposas revolotean en la barriga, como el pecho salta al sentir que el corazón se quiere arrancar para llegar a su otra mitad. Sentir cuando los corazones se encuentran y siguen el mismo latir, el suspiro y el suave, delicado, dulce roce de labios que estremece. Recuerdos esas sonrisas que me llenaban por completo, es que no había nada más en el mundo, no había nada más perfecto que verte sonreír. Quisiera que alguien caminara a mi lado, así como lo hacías tú cuando combinábamos el paso. Te extraño, y no tengo miedo en decirlo, no me importa que todos se enteren de eso. Tú fuiste, eres, y serás mucho más, porque no sólo fuiste mi pareja, contigo encontré ese no sé qué, tal vez complemento, contigo encontré amistad, compañerismo, amor, y muchas cosas más. Te extraño.